miércoles, 9 de julio de 2014

Se ha presentado la novela negra August, pecado mortal, de David J. Skinner, un retrato de la América profunda de mitad del siglo XX

El escritor de novela negra David J. Skinner reconoció en la presentación de August, pecado mortal, la influencia que puede haber en su obra de autores como Boris Vian y en menor medida de Douglas Preston y Lincoln Child “Quizá por algunas situaciones pueda surgir esa semejanza, como el comportamiento racista que existe aletargado en el pueblo natal del protagonista de August, pecado mortal, también en parte por la descripción de la vida en una pequeña localidad norteamericana de mitad de siglo, ciertas rarezas en los comportamientos, la presencia del entorno casi como un personaje… Me han comentado varios lectores que se habla en ciertos momentos sobre que los hechos transcurren en Nebraska, pero que la localización de la obra tiene más que ver con las novelas negras de Boris Vian. Bueno, es parte de lo oculto de la novela, no puedo anticipar cuál es la verdadera localidad en que transcurre. Si bien hay paralelismo, mi obra en particular no contiene escenas especialmente escabrosas, ni descripciones exhaustivas de los diversos crímenes que aparecen a lo largo de esta historia. Y mientras que Boris Vian deja unos finales abruptos, duros, impactantes, yo he procurado dejar finales abiertos a la interpretación del lector.”
          La novela da comienzo en uno de los lugares más conocidos y más terribles del mundo: el corredor de la muerte, y en cierta medida es el protagonista de esta novela. Por él ha de pasar Robert August Robertson, quien fue condenado a morir en la silla eléctrica por un asesinato cometido en Nebraska, en 1971. ¿Cuál fue su verdadera historia?  El propio August nos narra su vida, comenzando por los turbulentos hechos previos a su nacimiento, y llegando hasta su último instante de vida... y puede que un poco más. ¿Fue realmente culpable del crimen por el que se le condenó? Esa pregunta se la hará en varias ocasiones su confidente en el corredor de la muerte: el guardia que está a punto de conducirle hasta la silla. El lector se convertirá en confidente de August. Junto a él, al guardia y al juez que, en última instancia, determinará su culpabilidad, compartirá unas vivencias terribles. A lo largo de estas páginas podremos conocer una vida llena de sinsabores y tragedias, los latigazos que durante años fueron marcando su alma; es la historia de un niño sin infancia, un joven que intentará huir de su destino, y un adulto que deberá enfrentarse a sus pecados.
            Para David J. Skinner “Es una novela sobre la redención, porque asistimos en realidad a una confesión sobre su vida antes de ser matado por el Estado. Y lo que vamos comprobando es que la realidad, no siempre es como podemos creer, que todo puede tener más de una interpretación”.
            Por último, David J. Skinner  habló sobre la América que podemos encontrar “es la América menos conocida, la que no aparece en las rutas turísticas, la de esas pequeñas ciudades de interior de una religiosidad dura, de una moral terrible en apariencia, pero en la que laten todas las perversiones, los pequeños odios, que tiene mucho que ver con algún cine negro de los años 50 y 60. pero curiosamente, este entorno tan localizado, se convierte en universal, porque todos esos defectos, esas pasiones, se viven en todo el mundo.”

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