domingo, 23 de diciembre de 2012

El olor de la Luna, Eduardo Vaquerizo

Me decía mi madre, antes de que las ratas la matasen una noche de verano en la covacha dónde vivíamos cerca de San Sebastian de los Reyes, que la luna olía muy bien. Siempre creí que aquello había sido el desvarío de una vieja que tenía el seso comido por la cazalla, pero nunca olvidé esa frase. La volví a recordar la noche que intentamos robar un autocoche de caudales. Estábamos compinchados con un anarcolista renegado que trabajaba de alguacil privado. Nos dijo por dónde iba a pasar camino de regreso de los puestos de rodas de la sierra. Lo que no nos dijo era el frío que hacía aquella noche de descubierta y lo alta, lo blanca y solitaria que estaba la luna, apenas perturbada por el relente ni por el viento cargado de cellisca que bajaba de las colladas altas. Seguir leyendo

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