P.-¿Desde qué momento histórico abarca tu novela y hasta cuando llegan las vivencias de los personajes?
R.-Arranca en los años finales de
la década de los sesenta del siglo pasado —tardofranquismo— y llega hasta los
primeros noventa. Un periodo fascinante, porque durante esos veintitantos años
España experimenta unas transformaciones sin parangón en nuestra historia.
Situar una novela en ese periodo ha sido un reto apasionante. Seguir la
evolución de los personajes cuando el país se encuentra en ebullición y que
protagonistas y sociedad queden reflejados en una trama novelesca verosímil es
mi apuesta como narrador.
P.-Mientras dure el resplandor lleva a pensar
en las grandes novelas del boom hispanoamericano por mezcla de historia,
política y realidad social y el intento de ser una novela total, que representa
la realidad de manera completa y compleja.
R.-
Así es. Hay un intento de que mi novela sea una novela total en la que las
peripecias vitales de los distintos personajes se inserten en una realidad
social que se transforma y que los transforma. España sale de un corsé rígido
impuesto por el franquismo, y la creatividad, la búsqueda y sobre todo la
esperanza es lo que mueve a los protagonistas de la novela en la persecución de
horizontes más dilatados. El sueño de la plenitud vital parece por fin posible y
algunos se lanzan a perseguirlo. Novela total o novela simplemente. Sin ningún
calificativo de género.
P.-Revolución
de los Claveles, nueva libertad sexual, oposición al franquismo, el sueño de un
mundo mejor y la realidad cruel y despiadada del mundo creado por aquellos que
soñaron otras vidas. ¿Una novela que empieza optimista y poco a poco va
mostrando en lo que hemos quedado?
R.- Se
trata de una novela realista y la realidad acaba imponiéndose. Y si el corsé del
franquismo impedía crecer, la realidad va mostrando que el crecimiento no puede
ser ilimitado. Existen los límites y el límite inexorable es la muerte, que
siempre nos ronda hasta que nos alcanza. En la juventud uno cree que todo es
posible. La madurez suele ser más cruel. Vale para las personas y para los
países. La nueva España nació con el cambio de régimen y nuestra madurez es tan
espléndida como soñamos y tan cutre como estamos
viendo.
P.-Germán lo
vivió todo con intensidad: el amor, la amistad, la política, los negocios, la
culpa y el dolor de la pérdida. ¿Crees que nos podemos sentir muy identificados
todos aquellos que nacimos en la generación del boom de
natalidad?
R.- La
natalidad experimentó un boom en
un momento especialmente intenso de la vida del país. Nuestros padres se
lanzaron a procrear cuando creían que podían darnos un porvenir luminoso. Y los
hijos del boom nos lanzamos a
vivir con toda intensidad. Eso es justamente lo que pretende reflejar el
protagonista de mi novela. Vive con pasión y experimenta constantemente. En este
momento no hay introspección. Creo que los jóvenes más inquietos de los setenta
y los ochenta más que conocerse a sí mismos, buscan fuera de sí aquello que
creen que los va a colmar. Con el reflujo de la marea, algunos vuelven la vista
hacia el interior y eso es lo que hace Germán, el protagonista de Mientras dure el resplandor, repasando con
su amigo escritor su trayectoria vital. De alguna manera Germán encarna un hijo
del boom con el que nos podemos
sentir identificados. Pero creo que Germán es también una metáfora de la
juventud, de cualquier juventud y de cómo esta va desembocando en la madurez y
el desencanto.
P.-¿Cómo nos
presenta la nueva sexualidad que nace a comienzos de los 70 y es heredera del
mayo francés y de los movimientos yanquis?
R.- La
sexualidad en los setenta también se concibe como un campo experimental. Aquí
también se rompen los corsés. La llegada y generalización de los
anticonceptivos, que data de aquella época, trajo consigo la liberación de las
costumbres. El Power Flower que
viene de América, el mayo francés y los nuevos teóricos de la liberación sexual
encuentran eco en algunos jóvenes españoles que se lanzan a probar un sexo que
no sea hipócrita, ni mojigato, ni culpable. Se abre la espita del placer y, a
veces, planteamiento teórico y sentimientos no discurren por los mismos caminos
y eso produce dolor en algunas manifestaciones de ese sexo experimental. Nada es
simple. Tampoco el sexo.
P.-¿Muchos
padres que lo han dado todo por sus hijos se verán reflejados en el
distanciamiento de la hija?
R.- Esa sensación de darlo todo
muchas veces no concuerda con la apreciación que tienen los hijos. En la novela
precisamente se confronta la visión de la hija y el choque que sufre el padre
cuando ella le hace duros reproches. La novela no toma partido ni por el uno ni
por la otra. Simplemente muestra lo trágico del conflicto. Cualquiera, como
padre o como hijo, puede sentirse identificado y al mismo tiempo la novela le
brinda la visión del otro.
P.-Hablas del
Patronato de Protección a la Mujer, una institución que ha marcado a muchas
mujeres jóvenes que vivieron su infancia o adolescencia en aquella época. ¿Cómo
era?
R.- El
Patronato de Protección a la Mujer fue una institución creada por el franquismo
que respondía al carácter autoritario de la dictadura y a la consideración que
tenía de la mujer como un entidad vicaria a la que había que proteger de sí
misma. Piadosas monjitas, imbuidas del espíritu de la época, disciplinaban con
severidad hasta llegar al maltrato sádico a las jóvenes bajo su tutela. Para
ingresar en alguna de las instituciones colaboradoras del Patronato y regentadas
por monjas bastaba el embarazo de una soltera de una familia humilde, cualquier
tropiezo con intervención de la policía o, simplemente, que unos padres
consideraran que su hija rebelde tenía que ser reconducida al buen camino. No
hay que olvidar que el Patronato sobrevivió a la dictadura y solo fue clausurado
en 1985, diez años después de muerto el dictador. Ahora se empieza a sacar a la
luz la existencia del Patronato y las terribles historias de alguna de sus
tuteladas. En la novela aparece el Patronato en acción y algunos de los
peculiares personajes que nutrían sus juntas
provinciales.
P.-Da la
impresión que pretendes representar la complejidad española, su historia
reciente, la violencia, la desigualdad, la memoria y la cultura. Y mostrar cómo
hemos llegado hasta aquí.
R.-
Siempre digo que yo hubiera querido escribir la Pastoral americana de Philip Roth. Y en
esta novela hago el intento de escribir la Pastoral española. La obra de Roth
describe el fin del sueño americano que se produce en los años sesenta. En
Mientras dure el resplandor se
fabula el sueño que produjo en buena parte de la sociedad española la muerte de
Franco y el fin de ese sueño en los años noventa. Todo ello a través de la
figura de Germán Vieitez y su odisea particular en la que hay lucha, miseria,
plenitud, sueños alcanzados, pesadillas y despertares.
P.-En la novela
hay dos ciudades reconocibles: Madrid y Barcelona. Pero todo acontece en lugares
con nombres inventados: Neboenta, Celade, Valdocastelo… ¿Por qué esa necesidad
de crear lugares de ficción?
R.- Si
la novela es ficción ¿por qué no ha de serlo el territorio en el que se
desarrolla? Macondo, Región, Comala, Celama… son nombres de territorios
ficticios fértiles para la imaginación. Espero y deseo que los de Mientras dure el resplandor también lo
sean y que el lector se aventure a explorarlos.
Toda la información en https://www.mareditor.com/narrativa/Mientras_dure_el_resplandor.html
