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18/12/14

Entrevista a Andrés Fornells: "Riqueza, amor y muerte podrían haberla escrito Wilkie Collins, Chester Himes y Charles Bukowski "

P.-Riqueza amor y muerte tiene muchos elementos de novela negra tradicional, pero también erotismo. ¿Cómo presentaría su obra al lector que le descubra ahora?
R.- Creo, por haber leído mucha novela negra, especialmente norteamericana, que el lector de este tipo de literatura asocia la acción, la violencia y el misterio, al erotismo y a la sensualidad, sobre todo por parte de las protagonistas femeninas. En esta última novela mía la heroína es una profesora de artes marciales, cualidad que le sirve para afrontar situaciones extremadamente peligrosas que una mujer, podríamos decir normal, no las afrontaría por falta de entrenamiento y asimismo de un coraje especial necesario para luchar y jugarse la vida.

P.- Sus personajes, a lo largo de su obra, parecen no tener moral. ¿O sí la tienen?
R.-Los personajes de esta obra mía pertenecen a la sociedad que nos rodea, los hay que poseen valores que todos estimamos, como pueden ser: el respeto y fidelidad a la familia, el asumir el como propio honor del grupo al que se pertenece; ayudar y amar a las personas que merecen sus más nobles sentimientos y, llegando a casos extremos jugarse la vida en defensa del ser amado. Pero también hay en mi novela personajes sin ningún tipo de escrúpulos ni de moral, que el único, exclusivo interés que los mueve es lograr el poder y la riqueza a cualquier precio, y que consiguen ambas cosas, robando, torturando y asesinando despiadadamente.

P.-¿Por qué tienen un papel predominante en todos sus libros la mujer? De un modo u otro, siempre son protagonistas.
R.- Entrando en el terreno personal, creo que el hecho de darles en mis obras siempre gran protagonismo a las mujeres se debe a que, al morir mi padre siendo yo muy pequeño, me crié todo el tiempo entre mujeres, circunstancia que, seguramente, me permitió conocerlas todo lo bien que ellas te permiten llegues a hacerlo, y pude gracias a esta cercanía apreciar y admirar las extraordinarias cualidades humanas que las mujeres poseen y que demuestran en tantos trabajos en los que la ternura, la delicadeza, la dedicación y el sacrificio son requeridos e imprescindibles.

P.-Qué autores de novela negra podrían servir como referente para acercarse a su obra porque está en una línea creativa similar.
R.- Escritores que puedan servir de referente a mi modo de escribir puedo citar, como más cercano, a Javier Chiambrando. Luego puedo decir que he admirado y deben de algún modo influido en mi manera de escribir, por diferentes razones, a Wilkie Collins, Charles Willeford, Chester Himes, Boris Vian y, como no, a los míticos Raimond Chandler y Dashiell Hammett. Desde luego reconozco lo dificilísimo que es juzgarse uno mismo, pero yo diría que esta novela mía podrían haberla escrito (fantaseando por mi parte un imposible), colaborando los tres en este empeño y empleando ellos un infinito mayor talento del que yo poseo: Wilkie Collins, Chester Himes y Charles Bukowski.

P.-¿Cómo surge la idea de Amor, riqueza y muerte?
R.- La idea surgió como consecuencia de un desafío. Un buen amigo mío me reto a escribir una novela negra que tuviera lugar fuera de nuestro país, y por razones sentimentales suyas escogió Moscú, Viena y Paris. El personaje masculino principal de esta novela me surgió de un viaje que yo había hecho el año anterior a China y haber visitado el famoso Templo Shaolin, en mejor lugar del mundo para la enseñanza de las artes marciales. Y el personaje femenino lo encontré hojeando un álbum de fotos en una mujer, parisina, extraordinaria para mí, por muchas razones que enriquecen mi memoria.
 

17/12/14

Cuentos de Navidad 01.- Vente a casa por navidad, de Andrés Fornells

Esperancita Cansada tenía novio. A ninguno de cuantos la conocían extrañaba este detalle porque Esperancita era de hermosa que verla alegraba la vista, despertaba el tambor del corazón y levantaba a la máxima altura la libido de quienes la tienen en sumo grado de funcionamiento.
El novio de Esperancita se llamaba Julito Desganado y poseía una gran ventaja sobre los feos, y era una hermosura física de esas que impulsan a las mujeres buenas receptoras a abrir lo que tienen cerrado y a permitir le estrenen lo que nadie les ha estrenado todavía.
Julito viajaba mucho, una actividad bastante normal en todo aquel que ejerce la profesión de viajante. A Esperancita la tenía altamente mosqueada que él viajase tanto y que en sus regresos de los viajes trajese manchas de pintalabios en los cuellos de sus camisas y algún que otro cabello rubio pegado en sus ropas (Esperancita tenía su abundante pelambrera azabache como los sobacos de un grillo que ha vivido toda su vida en una mina de carbón) y estos detalles sospechosos la ponían muy furiosa, aunque Julito lo justificara conque por lo atractivo que era, las féminas se arrimaban a él y, antes de darle tiempo a huir de ellas, dejaban sobre su irresistible persona aquellas “cochinadas”.
Esperancita, que empezaba a estar de Julito hasta el moño más íntimo, le advirtió que si no volvía a casa por Navidad para pasar ésta con ella, que la olvidase igual que Goya se olvidó de Dios cuando la mujer que más había amado en su vida, se olvidó de él. Todos sabemos que los malos cristianos le echan las culpas al Creador de todo aquello que no les sale todo lo bien que ellos desean.
Julito no pasó la Navidad con Esperancita. Esperancita se molestó muchísimo. Esperancita lloró esas malditas Mil y una lágrimas que tanto les duelen a las mujeres que aman, lo que no está escrito.
¿Y quién estaba junto a ella, junto a Esperancita para consolarla? Perfecto, habéis acertado plenamente. Y, quién habéis acertado en vuestra maliciosa suposición, le demostró a Esperancita que no son los más guapos los que la sabía naturaleza ha premiado con dones que ninguna hembra ardiente y ávida de sentirse plena al máximo ha sabido nunca rechazar.
Moraleja: Todo hombre que no cumple la promesa dada a la mujer que lo ama, que se prepare a llevar en su frente ese estigma que no es característico de los de su especie sino de la especie que, a menudo, muere en las plazas de toros.
 
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