P.- ¿Qué sentiste al ganar con esta novela
el Premio Carta Puebla de novela? ¿Cuál era tu recorrido literario hasta ese
momento?
R.- Ganar un premio literario, aunque sea modesto, es un estímulo, al menos
lo fue para mí. Te induce a pensar que tu obra es valorada por personas que no
te conocen; el veredicto es neutral. El cariño y aceptación de familiares,
amigos y personas cercanas es necesario, pero no suficiente. Yo tenía publicado
un libro de relatos, Los sueños, a
través de José Esteban, escritor y crítico literario, que estaba muy metido en
el mundo del libro. Después escribí Iberia,
compuesta por tres novelas cortas que tuvo un recorrido similar. Posteriormente
escribí la novela, Momentos que no se
olvidan, que fue editada por editorial Vosa,
ya desaparecida. Los días largos
es mi cuarta novela y me atreví a enviarla al certamen Carta Puebla, del año 2008. Cuando contactaron conmigo para decirme
que había ganado el premio, me llevé una grata sorpresa. Devolverla a las
librerías ahora con M.A.R. Editor es un reto y la demostración de que lo que
aquí se cuenta sigue vivo y seguirá vivo por mucho tiempo.
P.- ¿Para muchos españoles la Guerra
Civil y la postguerra siguen siendo una obsesión que marcan sus vidas?
R.-Después de las guerras civiles quedan muchas heridas sin cicatrizar
porque, una vez terminada, hay que seguir conviviendo entre vencedores y
vencidos. Los sentimientos de venganza, los odios siguen ahí, aunque estén
soterrados. No solo es el dolor físico que se puede haber sufrido; el psiquismo
humano forma parte de nuestro ser y queda marcado por las barbaries que se
comenten. Además de las muertes, los vencidos deben enfrentarse a las purgas,
la dificultad para encontrar trabajo o recuperar el perdido, la prisión en
miles de casos, los diferentes agravios... Todo forma parte de un entramado muy
difícil de olvidar. Luego estaba la supremacía que ostentaron los vencedores
para hacerse valer, las prohibiciones que impedían expresar los sentimientos y
pensamiento político. El silencio pesaba como una losa
P.-Hablas de la supervivencia. Había dos
tipos; la de no encontrar comida en la postguerra y la del miedo a la
represalia. ¿Cómo lo vivió la generación de tus padres?
R.-Mis padres, como tantos otros perdedores, vivieron una posguerra muy
dura. Tuvieron que guardar silencio, pasar necesidades con las cartillas de
racionamiento y aceptar el orden establecido, vivir con el miedo de la delación
y la cárcel. Mi padre y mi madre estuvieron en un campo de refugiados francés
durante meses. Decidieron volver porque se decía que quienes no hubiesen matado
podían regresar, pero nada decían de la situación impuesta que debían aceptar:
el silencio, el hambre y el miedo a la acusación de otros, muchas veces por
rencores o envidia anteriores.
P.-Se ha ocultado en cierta medida que en
España hubo campos de concentración.
R.-Sí, se sabía muy poco y solo las personas que estuvieron en esos
reductos de torturas, humillación, hambre y enfermedades dieron información a
los más allegados. Apenas se hablaba de los campos de concentración en los
ambientes intelectuales porque había miedo a las represalias. Y la prisión
esperaba a cualquier persona que criticara al régimen.
P.- ¿Cómo afecta ese tiempo de silencio a
la vida de la pareja, a su relación amorosa y de convivencia?
R.- Se convirtió en un muro de protección sin saber que era a la vez una
carcoma que les mordía por dentro. Cada pareja era un mundo en un contexto
determinado de trabajo, de familia, de amigos, y el silencio formó parte de una
forma de vida que aún, hoy, permanece porque la verdad al desnudo duele. La
mentira es más consoladora, pero a la larga nos anula como seres humanos.
Actualmente, vivimos sumidos en la mentira, en la tergiversación del lenguaje,
en la impostura permanente.
P.- ¿Crees que la llamada memoria
histórica es fiel a los hechos de aquellas épocas o que finalmente sigue
habiendo dos bandos que quieren crear un relato para mostrar sólo las bondades
propias y los males ajenos?
R.-La memoria siempre triunfó entre los vencedores, adornada con un halo de
triunfalismo, honores y puestos relevantes. Después de la muerte del dictador y
el cambio político se han ido sabiendo otras historias que quedaron ocultas,
las represalias contra los vencidos, la represión de las mujeres en el Patronato de Protección a la Mujer fue atroz, cuya presidenta de
honor fue Carmen Polo de Franco, esposa del dictador, los bebés robados que
cedían a las familias adeptas al régimen. Y qué decir de las fosas comunes y
las dificultades de los familiares para recobrar los restos de sus seres
queridos. Una memoria de los vencidos es fundamental para saber toda la verdad
de lo sucedido. Necesitamos una memoria rigurosa si queremos sanar las heridas.
Pero no parece que importe mucho; los partidos políticos usan la Memoria para tirarse
las palabras, cuando no los exabruptos los unos y los otros.
https://www.mareditor.com/narrativa/Los_dias_largos.html


