31/5/14

Cuentos infantiles en Castilla León: Nanas para un principito, de Manuel Cortés Blanco con ilustraciones de Raquel Ordóñez Lanza. En León y Astorga


M.A.R. Editor presenta en Castilla-León el volumen inaugural de su colección de literatura infantil y juvenil, Liliput,http://www.mareditor.com/LILIPUT.html en el Auditorio Angel Barja delConservatorio de Música de León (C. Santa Nonia, s/n), el lunes 2 de junio a las 19,30h. En el acto participarán junto al escritor Manuel Cortés Blanco y la ilustradora Raquel Ordóñez  Lanza, la actriz Carolina Aller, la soprano Noelia Álvarez y el pianista Héctor Sánchez: Será un acto en el que se unirán cuentos, actuaciones y música.
            Y hoy, sábado 31 de mayo, hay un adelanto en Astorga, en el I Encuentro Internacional de Literatura Infantil y Juvenil Astorga es de cuento, Allí se hace un preestreno de Nanas para un Principito, y a continuación Manuel Cortés Blanco hará una sesión de cuentacuentos bajo el título "Nanas para Principitos", en el que se recogerán  muchos de los relatos incluidos en el libro. El lugar de celebración del acto es la célebre Casa Panero, y el momento las 19:00 horas del sábado 31 de mayo.
            El libro que inaugura la colección Liliput de narrativa infantil y juvenil esNanas para un principito, del escritor residente en León Manuel Cortés Blanco, con ilustraciones de la también leonesa Raquel Ordóñez Lanza.
            ¿De qué trata Nanas para un principito?
            Son cuentos para adultos que narran nanas a los niños, su protagonista, al igual que en el Principito original, es un niño que reflexiona sobre sus vivencias cada noche.

El hombre está siempre haciéndose y deshaciéndose, aprendiendo y desaprendiendo. Son sus ilusiones y su voluntad las que le ayudan a superar las dificultades de la vida. Vivir significa disfrutar, y para disfrutar hay que plantearse retos, desafíos que nos llevan a dar lo mejor de nosotros mismos. Nuestro mayor reto, por la responsabilidad que implica, consiste en dar la vida. Movido por este reto que nos iguala a los dioses y nos retorna a la infancia, Manuel Cortés crea Nanas para un Principito, un canto a la alegría de vivir, con el que se perpetúa y hace un homenaje a su hijo. Aunando amor, ilusión y voluntad, el escritor compone una sinfonía de pequeños recuerdos para ofrecernos, mediante este libro de cuentos, la gran obra de su vida. El padre se hace niño y recorre, a través del afecto, todos los acontecimientos extraordinarios que han dejado huella en su corazón.

INFORMACIÓN DEL AUTOR: Manuel Cortés Blanco
Médico y escritor, autor de los libros El amor azul marino -Premio Amares 2005-, Cartas para un país sin magia, Mi planeta de chocolate -finalista del II Premio Internacional Vivendia de Relato- y Siete paraguas al sol -VI Premio Nacional de Novela Ciudad Ducal de Loeches-, todas ellas publicadas por Ediciones Irreverentes (www.edicionesirreverentes.com ). Es también un apasionado del cuento, habiendo participado en distintas antologías de este género -entre ellas, el libro ilustrado "Cuentos para compartir", a beneficio dela Asociación de Padres de Niños con Cáncer de Aragón- e impartido sus sesiones de cuentacuentos por múltiples escenarios. Y es, sin duda, una persona comprometida que además de haber donado cuanto pudiera corresponderle con motivo de su obra a la ONG "Aldeas Infantiles SOS", participa activamente en otras actividades solidarias como las del "Proyecto Los Argonautas" -del que es miembro asesor-, dedicado al cuidado de las personas mayores.
http://manuelcortesblanco.blogspot.com
https://www.youtube.com/watch?v=RpO-kN2yBpM


INFORMACIÓN DE LA ILUSTRADORA: Raquel Ordóñez Lanza
Maestra, ilustradora y músico a partes iguales. De entre sus últimos proyectos artísticos caben destacar: el cuento "Leonoso" de Marcelino Grandmontagne, "La hormiga Pasmina" -Editorial Everest- y los "Cuentos de Ayquedaño" dela Fundación Proyecto Joven.
Desde hace once años viene también desarrollando en su trabajo como maestra un proyecto para aplicar la Educación Plástica en la enseñanza de materias como Lengua, Matemáticas, Ciencias Naturales y Ciencias Sociales. Además, imparte cursos en los Centros de Formación del Profesorado de la Comunidad, mostrando a otros docentes, metodologías plásticas elaboradas por ella misma, que otorgan a la Educación Artística un poder pedagógico fundamental en el sistema educativo. Enseñanza, Música, Artes Plásticas, tres disciplinas diferentes que dan sentido a su vida y que ella consigue fusionar a través de la emoción, algo común a todas ellas.
Toda la información del libro e imágenes en http://www.mareditor.com/Liliput/nanas.html 

23/12/12

Entrevista a María Zaragoza, Los mejores terrores en relatos

P.- ¿Tiene razón de ser la literatura de terror en un mundo racional en el que se puede conocer el origen de casi todo? R.- Imagino que cuanto más racional es el mundo, más necesario es evadirse a través de cosas que no podemos controlar, como el miedo. El miedo es algo que no puede controlarse y que no depende de que se pueda explicar el origen de lo que nos asusta. De hecho cuando se abre el ascensor y vemos algo dentro que se mueve, el cuerpo se pone alerta antes de reconocer a tu vecino. El miedo es necesario y nos mantiene a salvo en el mundo, que algo nos asuste nos puede salvar la vida. A un nivel menos "fundamental", la literatura y el cine de terror nos mantienen conectados con la imaginación del peligro, con el misterio, con lo que nos puede llegar a superar. Y creo que cuanto más explicamos las cosas, más necesario es tener dentro ese aviso, esa alerta.
P.- ¿De qué trata tu relato Algo pequeñito del libro Los mejores terrores en relatos?
R.- Algo pequeñito habla precisamente de lo que no podemos controlar. El ser humano se creo invencible ante otros seres vivos, es como "el rey de la creación", pero qué pasaría si la naturaleza diseñase un ser específico para terminar con el ser humano, algo pequeñito, invisible a la vista, imposible de erradicar y sin piedad alguna. Yo creo que la naturaleza se defiende y me aterra la posibilidad de que lo haga. Este relato refleja de alguna manera ese miedo mío.   Seguir leyendo

El lento suicidio de occidente, Jorge Majfud

Occidente aparece, de pronto, desprovisto de sus mejores virtudes, construidas siglo sobre siglo, ocupado ahora en reproducir sus propios defectos y en copiar los defectos ajenos, como lo son el autoritarismo y la persecución preventiva de inocentes. Virtudes como la tolerancia y la autocrítica nunca formaron parte de su debilidad, como se pretende ahora, sino todo lo contrario: por ellos fue posible algún tipo de progreso, ético y material. La mayor esperanza y el mayor peligro para Occidente están en su propio corazón. Quienes no tenemos “Rabia” ni “Orgullo” por ninguna raza ni por ninguna cultura sentimos nostalgia por los tiempos idos, que nunca fueron buenos pero tampoco tan malos.  Sigue leyendo

Congreso mundial de amantes de Madonna, Miguel Angel de Rus


Se celebraba el Congreso Mundial de Amantes de la cantante Madonna en el Madison Square Garden de Nueva York y el cruce de la calle Treinta y tres con la Séptima Avenida era una fiesta de policías intentando organizar el tráfico, de puestos en los que se vendían esos lazos que por alguna razón denominaban pretzels, perritos calientes, bebidas burbujeantes y recuerdos del acontecimiento –destacaba una camiseta que tenía serigrafiada la vagina de Madonna y el lema ‘Yo también estuve aquí’-y de camionetas de las televisiones que apuntaban sus antenas hacia algún supuesto satélite, con reporteros en fila enfrente del edificio, dando sus crónicas en las que repetían las mismas informaciones comunes y ya sabidas casi de memoria.
 

–Hoy habrá más público que en cualquier partido de los New York Knicks o de los New York Rangers. –Afirmaba el joven y anodino reportero de la CNN. –Música, caras famosas, bonitos vestidos. Esta es sin duda la gran fiesta del American way of life.    Seguir leyendo

El olor de la Luna, Eduardo Vaquerizo

Me decía mi madre, antes de que las ratas la matasen una noche de verano en la covacha dónde vivíamos cerca de San Sebastian de los Reyes, que la luna olía muy bien. Siempre creí que aquello había sido el desvarío de una vieja que tenía el seso comido por la cazalla, pero nunca olvidé esa frase. La volví a recordar la noche que intentamos robar un autocoche de caudales. Estábamos compinchados con un anarcolista renegado que trabajaba de alguacil privado. Nos dijo por dónde iba a pasar camino de regreso de los puestos de rodas de la sierra. Lo que no nos dijo era el frío que hacía aquella noche de descubierta y lo alta, lo blanca y solitaria que estaba la luna, apenas perturbada por el relente ni por el viento cargado de cellisca que bajaba de las colladas altas. Seguir leyendo