No obstante, el libro que
comentamos apunta en otra dirección. Los relatos de Harold Bruhl son minuciosos
estudios de la mente humana. Con un incisivo sentido del humor y gran ojo
clínico se adentra en el alma de sus personajes y los desmenuza desde su propio
núcleo. Las historias breves que componen esta antología derivan por inciertos
derroteros y el lector jamás adivina qué final inesperado le aguarda.
Muchos cuentos parecen
participar de técnicas cinematográficas y presentan escenas, planos y
secuencias que hacen trabajar nuestra mente a un nivel visual. Los temas que
abordan muchos de los relatos coinciden: la maldad, la venganza y las
oportunidades que nos ofrece la vida.
Por ejemplo en
"Votos nupciales" asistimos a las vicisitudes de un feliz hombre
casado que comienza a ser visitado por el fantasma asfixiante y voluble de los
celos. En "Cuando desperté" el narrador nos relata una historia de
enterramientos, heredera del mismoPoe, pero cuyo argumento Harold Bruhl ha
sabido retorcer hasta hacernos ver que la literatura no tiene un punto de
llegada determinado, sino que siempre puede dar un paso más. "El último
concurso" es una historia moderna de fantasmas que emociona más que asusta.
"La carta", quizá uno de los relatos más perfectos, es una rescritura
de un famoso cuento de Cortázar, "La salud de los enfermos",
pero que el autor hondureño ha sabido condensar hábilmente en una tensa y
eficaz página.
Harold Bruhl es un
gran contador de historias cortas (veintidós componen esta antología), que
somete al lector a un tour de force de gran magnitud, que se mueve como un
monstruo en un pantano por las turbulentas aguas del mundo abisal del relato
breve y que sabe impactar con una escritura certera, precisa y cierta ironía
bien calculada.
Pedro Pujante